“Nada en una empresa debe dejarse al azar, y mucho menos las finanzas”, defiende Miguel Ángel Alé, licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Sevilla y con varios másteres a sus espaldas que, tras 15 años de experiencia en el sector, decidió establecerse para prestar esos servicios a firmas de pequeño y mediano tamaño. Lo hace a demanda, por horas si es necesario, y desplazándose a las oficinas de sus clientes para facilitarles las cosas. Su objetivo: profesionalizar estos servicios y liberar al pequeño emprendedor de tareas que no suele controlar, para que pueda dedicarse de lleno al corazón de su negocio.

Alé Fianzas Externas realiza estas labores «de manera profesional, evitando errores que condicionen el negocio», porque según sus datos un 80% de las pymes fracasa antes de los cinco años, y un 90% no llega a los diez. «Uno de los motivos principales es que estas empresas no suelen contar con profesionales financieros en plantilla, bien porque su volumen de negocio no requiere la presencia de uno a jornada completa o porque lo asume directamente el empersario, lo que provoca grandes fallos que condicionan la superviviencia del negocio», explica este emprendedor sevillano, que ha iniciado su actividad hace apenas un mes.

En sus 15 años de profesión se ha encontrado con multitud de casos en los que estos errores han condicionado la viabilidad de una empresa, empezando por su primer trabajo como jefe de administración en una empresa dedicada a obras de jardinería y estructuras verdes. «Estaba creciendo, iba bien, y el administrativo encargado de la oficina ya no daba más de sí. Implanté un sistema de contabilidad analítica, hice el mapa de costes y, al compararlo con los precios de venta, descubrimos que algunos productos se vendían por debajo de coste», explica Alé, que asegura, para los incrédulos, que esta situación no sólo no es tan extraña, sino que desgraciadamente se produce con cierta frecuencia en este tipo de empresas pequeñas.

También recuerda el caso de una constructora a la que hizo una auditoría interna ante las constantes incidencias y quejas de proveedores y clientes. «En su contabilidad me encontré con que todos los asientos de compras, ventas, cobros y pagos estaban mal. Resultado: este empresario no sabía lo que debía ni, lo que es peor, lo que le debían» Arreglarlo costó «mucho tiempo, dinero y disgustos», que podrían haberse evitado con la ayuda financiera que ahora ofrece.

Alé, que por ahora se ha establecido con su socio, sin trabajadores contratados aunque con vistas a hacerlo pronto, explica que el fallo más común con que se encuentra en las empresas es la falta de una planificación y un presupuesto para prever qué se va a hacer a medio y largo plazo, con los gastos e ingresos que se esperan.

«Los dueños o gestores de las pymes tienen estrategias, pero planificar más al detalle es algo en lo que fallan», con lo que el negocio se termina conduciendo «dejándolo todo al azar, improvisando día a día y sorteando los obstáculos que vayan saliendo», asegura.

Si hay una anécdota que ejemplifica esta forma de pensar es la que vivió Alé con el dueño de una de las empresas en las que trabajó, que al pedirle que se reunieran para hacer el presupuesto, le decía: «Ya tenemos presupuesto, está todo aquí», señalándose la cabeza. «No seré yo quien critique a alguien que ha buscado no sólo su sustento sino el de las familias que trabajan con él, y tener las cuentas en la cabeza es importante, pero se corre un grave riesgo al sólo conocerlas él. Un presupuesto tiene un 99% de posibilidades de fracasar si no es conocido por todos los que participan para conseguirlo».

Para ayudar a estos emprendedores, la firma sevillana ofrece a sus clientes servicios de contabilidad y administración –libros, facturación, control de cobros y pagos, modelos fiscales…–; control de gestión –presupuesto, seguimiento y análisis, correcciones…–; dirección financiera –políticas y procedimientos contables, gestión óptima de la tesorería, minimización de costes y maximización de ingresos, gestión de la fiscalidad empresarial, negociaciones con clientes, proveedores, administraciones o bancos…–; y auditorías internas, con las que detectar errores y cuadrar las cuentas que hayan sido realizadas de forma poco profesional y puedan contener equivocaciones.

Así puede marcarse una estrategia durante un horizonte temporal, normalmente un año, identificando «oportunidades y amenazas, fortalezas y debilidades», para plasmarlo en una cuenta de pérdidas y ganancias. «Nosotros somos quienes decidimos el resultado que vamos a tener al final del periodo, no el mercado, el Gobierno, ni ningún agente externo, porque lo hemos planeado así, hemos marcado nuestro camino, somos proactivos, y controlamos periódicamente si vamos cumpliendo con lo previsto», insiste este empresario.

Según un estudio realizado por la Confederación Madrileña de Autónomos y Emprendedores en 2007, una de las debilidades presentes más habituales de los autónomos y pequeños empresarios son las escasa formación y el bajo nivel de profesionalización a la hora de abordar las tareas de gestión de sus empresas. Alé matiza que, «aunque en la actualidad los emprendedores están cada vez mejor formados, esa debilidad sigue vigente». Por eso este empresario, que ha mejorado su formación entre otras entidades en la Politécnica de Madrid y en el Instituto de Estudios Jurídicos y Empresariales Cajasol, ha encontrado en ello un negocio con el que ayudar a otros emprendedores.